Al
envolvernos en el líquido elemento las
tensiones se disipan y nos acercamos al
paraíso.
Es lujo y
refinamiento: un placer accesible de
sensaciones olfativas que nos transportan y
nos ayudan a sentirnos a gusto con nosotros
mismos. Un momento de belleza en el que cada
mujer se transforma en una Venus.
Sólo
un día a la semana
A
pesar de tantas virtudes como tiene el baño,
no hay que someter con frecuencia a la piel
a esta fatiga diaria, que la deshidrata y la
ablanda… Es preferible disfrutar de este
momento de placer sólo uno o dos días por
semana, a modo de descanso o relajación
(posiblemente el sábado o el domingo) y
darse los demás días una ducha tonificante.