Las tendencias
folk tendrán un amplio espacio un año más en
los escaparates. Agatha Ruiz de la Prada,
por ejemplo, combina este estilo con
elementos orientales y la superposición de
tejidos, en los que entra con fuerza el
punto y el cuello vuelto. Lo oriental
también es explotado por Jesús del Pozo, que
llena toda su colección de reminiscencias de
la China imperial y que se traducirá, para
los que no se puedan hacer con los diseños
exclusivos de la alta costura, en una
recuperación sin titubeos del cheosang.
También recogen
estos elementos folk los diseñadores
bilbaínos de Ailanto, quienes recuperan
chalecos y blusas de mangas de farol junto a
gorras y botas altas que igualmente se
apuntan a esta temporada. Duyos también
recrea esta estética de resonancias
campestres –aunque con preferencia por los
colores vivos- y no duda tampoco a la hora
de combinar tejidos.
La piel volvió
con ímpetu hace un par de temporadas y
parece que no quiere abandonar las pasarelas
y las tiendas. Se la utilizará este otoño no
sólo para los grandes acontecimientos
sociales, sino que acompañará a las
actividades cotidianas y se convertirá en un
material para el uso diario. Por esta
tendendia apuesta lga Ríosla diseñadora
gallega Olga Ríos, que mezcla las prendas
juveniles con la densidad de la piel.
También acomete sin miedo la superposición
de paños y propone amplios abrigos de vivos
colores y de naturaleza reversible. Como
casi todos los diseñadores, Ríos apunta
hacia un otoño con protagonismo manifiesto
de las prendas de punto.
Otro amante de
la piel es José Luis Aznárez, quien ha
presentado una interpretación juvenil del
astracán, el lipi o el visón, que combina
con tejidos como el coco o el cáñamo,
consiguiendo un estilo desenfadado sin
abandonar el lujo.
Los trajes de
sastre serán los protagonistas del lado más
elegante de esta temporada. Modesto Lomba ha
lanzado propuestas que reinterpretan el
frac, sus líneas limpias y sus prendas
asociadas: camisas blancas y chalecos.
Davidelfin muestra preferencia por el uso de
chaquetas y corbatas combinadas con
minifaldas, mientras que un aire militar se
hace patente en sus abrigos rectilíneos y el
estampado de camuflaje.
Esta estética es
utilizada también por Kika Fernández, quien
apuesta, como marca la tendencia, por la
mezcla: faldas de varias capas, lanas, sedas
y punto combinados con cierto toque retro a
lo años 20.
En cuanto a los
accesorios, la temporada está protagonizada
por las botas de caña alta: de montar,
estrechas y un tanto aristocráticas o
texanas más o menos atrevidas. Reaparece
tímidamente la punta redondeada en los
zapatos femeninos y baja el tacón, en una
clara apuesta por la comodidad. Surgen
innumerables alternativas en cueros para
calzado. Los materiales sintéticos bajan a
la calle con nuevos colores de moda,
encabezados por el rosa viejo y una gama de
sugerentes pardos.
Corbatas y
broches se convierten en el complemento
femenino por excelencia y los bolsos se
presentan con estampados de todo tipo: desde
piel de leopardo a flores art decó.
En los colores
se apunta, salvo excepciones, una
preeminencia de las tonalidades bajas:
verdes loden, ocres, ciruelas y rojos
tierra, muy a tono con la tendencia folk
abrazada por muchos diseñadores. El gris ha
caído en desuso y vuelve, si es que se fue,
el negro, ya sea en chaquetas, blusas o
trajes