¿Alguna vez
se ha preguntado cómo se consigue ese efecto
“espejo” que tan de moda se encuentra en las
bocas de modelos y estrellas de cine? La
clave de tanto brillo radica en el gloss,
término que designa esos “reflejos” que tan
de moda estuvieron en los años 80 y que
ahora han vuelto con gran fuerza para crear
bocas muy exageradas, llenas de volumen.
• Los labios deben estar impecables antes de
extender el gloss. Para ello, exfolie antes
su superficie con un cepillo de dientes
viejo, lo que elimina posibles pellejitos.
• Para un toque de color, puede aplicar
apenas una gota de lápiz de labios con los
dedos, para darle sólo un aspecto “manchado”
a la boca, sin líneas definidas ni muy
marcadas.
• El gloss se aplica sólo en el centro de la
boca. Presione un labio contra el otro para
repartir el producto, sin extenderlo nunca
por los bordes. Escurridizo y travieso, ¡ya
se encargará de repartirse por toda la boca
él solito!
• Si se ha excedido en la cantidad de
producto, retire ese sobrante con el dedo, y
evite los pañuelos de papel, que eliminarían
el efecto “espejo”.
• Se aplica poco a poco. Nunca se exceda en
la cantidad, ya que al calentarse, se
dispersa y escapa por las comisuras de la
boca, creando un poco favorecedor efecto
desdibujado, e incluso destacando las
posibles arruguitas.
• Si aún a pesar de todos estos consejos ha
aplicado demasiado gloss, moje un bastoncito
de algodón y retire el exceso de producto
con él. El agua impedirá que se le queden
pegadas pequeñas fibras de algodón.
• Introduzca el pulgar en la boca cerrada y
llévelo hacia fuera para retirar cualquier
exceso de producto que pudiera quedarse en
la parte interior de los labios. Así evitará
manchas en los dientes.
• Si no quiere dejar huellas en vasos o
copas, no le quedará más remedio que beber
con pajita.
• Es muy pegajoso, por lo que si lleva un
peinado con capas que caen sobre la cara,
puede llegar a manchar el cabello: ¡mucho
cuidado!