La opción
está, entonces, entre los ojos y los
labios. Para esto hay que pensar qué nos
conviene resaltar: si nuestros ojos son
bellos, no dudemos en resaltarlos. Pero
si lo bello reside en nuestros labios,
ahí debemos poner toda nuestra atención.
Lo
importante es no maquillarse en exceso,
y esto hay que tenerlo bien en cuenta
durante el día y la tarde, horas durante
las cuales la luz natural pone de
relieve las líneas de los ojos, los
rubores, los labiales, las sombras y
todo lo que nos hayamos puesto. En estos
casos, es conveniente el look natural.
En
cambio, a la noche sí nos podemos dar el
gusto de lucir todo nuestro bagaje de
pinceles y lápices. Sin perder nunca la
premisa del equilibrio: o los labios o
los ojos, pero nunca demasiado, ambos.